Reseña “Diosa de tierra y metal” del periodista y escritor Xavier Aliaga

Reseña “Diosa de tierra y metal” del periodista y escritor Xavier Aliaga

Marisa Alemany (Xàtiva, 1974), una de las componentes del colectivo de mujeres escritoras de ciencia-ficción ‘Proyecto Artemisa’, articula ideas esbozadas anteriormente en diferentes relatos en la novela “Diosa de tierra y metal” (Ediciones el Transbordador), un cruce entre el género matriz y la fantasía filosófica. Con las mujeres como protagonistas principales y un enfoque que enriquece un género dominado hasta hace poco por las plumas y la visión masculina.

La visibilidad literaria de las mujeres nunca ha sido fácil en ningún género, pero al menos en el campo de la ciencia-ficción, el paso adelante femenino ha sido notable. En un artículo de la revista Jot Down del pasado mes de octubre, Kiko Llaneras titulaba un artículo con el explícito: “La mejor ciencia ficción la están escribiendo las mujeres”. Y citaba nombres como los de Ann Leckie, Nuera K. Jemisin, Charlie Jane Anders, Muro Lafferty, Naomi Alderman o Becky Chambers. Podríamos completar el panorama con Ursula K. Le Guin y su libro “Los desposeídos”, recién publicado en catalán en Rayo Verde con traducción de Blanca Busquets, provocó un gran impacto el 1974 y, seguramente, abrió caminos por las autoras antes citadas. Estos descubrimientos coincidieron con la recepción de la novela de la setabense Marisa Alemany, de quién había leído algo no relacionado con la ciencia-ficción.

Me lancé a la yugular de la novela porque presentía que me estaba perdiendo algo. Y así era.

“Diosa de tierra y metal” es una novela más que meritoria, que deja ver la cantidad de trabajo que lleva detrás. Alemany, profesora de informática y formada literariamente en varios talleres, cumple un requisito básico para mí: los géneros muy marcados no pueden ser una excusa para construir una escritura básica y funcional, plana. La setabense es creativa y cuidadosa en su prosa. El esfuerzo de crear un universo propio y atractivo, en su caso el “Cúmulo de las Tres Hermanas” y las diversas razas que lo habitan, con las diosas Shaktis como centro filosófico, prospera porque Alemany lo describe con una prosa expresiva y rica: incisiva, directa y cruda cuando toca, más amable y enriquecida en otros momentos.

También viste muy bien su universo de nombres con efluvios mitológicos, animales fantásticos y seres extraordinarios mezclados con otros ordinarios. Conviven los poderes mágicos con las enfermedades, la exuberancia tecnológica (bastante convincente y verosímil) con experiencias, rituales y vivencias místicas. Además, encontramos una serie de personajes interesantes, la mayoría muy bien construidos, sobre todo Jyoti, la joven protagonista.

Jyoti siendo diferente trata de buscar respuestas. El inicio de una historia que atrapa y que, con la excepción de algunos pocos pasajes pensados para traer de la mano el lector –típicos de las primeras novelas—, se lee con fluidez y, en muchos momentos, con avidez. Todo está muy hilvanado, no hay posibilidad de pérdida en el atractivo laberinto de Alemany.

La historia tiene un punto fascinante. Pero las lecturas que desprende el libro también son muy interesantes. Cómo explica la fiscal y escritora Susana Gisbert en el prólogo, esta no es una novela feminista. Pero sí que tiene importancia desde el punto de vista de la construcción que la autora sea una mujer, porque pone las mujeres en el centro de una acción reservada a los hombres (los dioses, los héroes, los hijos…) y porque tiene un tratamiento sorprendente de cuestiones como la violencia de género. Además, la sexualidad contiene una refrescante visión femenina, a medio camino entre el sexo tántrico y una experiencia sensorial que cargada de contacto físico. Un escritor hombre hubiera hecho otro enfoque.

Pero las mujeres de la novela cometen errores, también son cuestionadas, sobre todo por su rechazo a la tecnología poniendo en peligro a sus feligreses, al refugiarse en un mundo mágico y bucólico que, a lo largo de la novela, es matizado y cuestionado de manera inteligente. Generando un debate paralelo muy jugoso entre fidelidad a la naturaleza y el provecho de la tecnología. Supongo que todo esto los suena.

Hasta llegar a un final resuelto y bienintencionado, que despertará opiniones diversas pero que tiene lógica dentro del relato. Al fin y al cabo, la ciencia-ficción tendría que ayudarnos a entender el presente, proyectar nuestros miedos, frustraciones y esperanzas. Entendimiento que reclama la lucidez y creatividad de las mujeres.

Artículo traducido al castellano por el Proyecto Artemisa del escritor y periodista Xavier Aliaga.

Proviene de su blog “Sota la creueta” en: http://xavieraliaga.cat/2018/11/marisa-alemany-deixeu-que-les-dones-sacosten-a-la-ciencia-ficcio.html.

 

 

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