Presentación de “Nansen, maestro de la exploración polar” en el museo L’ Iber

Presentación de “Nansen, maestro de la exploración polar” en el museo L’ Iber
En el Ártico, la superficie del hielo no es plana y diáfana como la de los lagos congelados. Esa imagen la hemos visto tantas veces en el cine que aparece inmediatamente en nuestra retina cuando pensamos en el Polo Norte. Pero no es así. En el Ártico, las  gruesas placas de hielo son arrastradas por el oleaje y las corrientes marinas, chocan entre sí con la fuerza de gigantes y levantan murallas heladas que se prolongan durante kilómetros; verdaderas cordilleras de escasa altitud formadas con bloques de hielo que se deslizan unos contra otros y se afilan entre sí como cuchillos, con el mismo sonido infernal.
Esa es una de las imágenes que guardo de la presentación  del libro “Nansen, maestro de la exploración polar” en el Museo L’ Iber. Otra es la de un hombre junto a la cama de su hijo enfermo, o la de un tren camino de Rusia y lleno de víveres, con los vagones rotulados con la palabra “Nansen”. Porque el noruego, además de explorador, fue científico, diplomático, padre y Premio Nobel de la  Paz por su labor humanitaria. Si hubiera nacido unos siglos antes diríamos que fue un hombre del Renacimiento.
En la mesa se hallaban Antonio Penadés y Alejandro Noguera junto al autor,  Javier Cacho, que nos deleitó con anécdotas de la biografía del noruego.

Lo confieso, yo nunca había oído hablar de Nansen, pero quedé fascinada por su figura. Fue el primer hombre en cruzar Groenlandia y en llegar a 86ºN, pero no solo se dedicó a contribuir a la exploración de nuestro planeta. En su época, fue tremendamente popular. Daba conferencias sobre sus expediciones y, cuando   la gente le preguntaba cuál seria su próximo viaje y cuándo, Nansen les contestaba que aún no lo tenía pensado, que primero tenía que analizar todas las muestras traídas con él. No solo era por tanto, un hombre de acción, sino un hombre estudioso y reflexivo que en su época hizo importantes contribuciones a la ciencia.

Además, era un hombre culto, hablante de varias lenguas. Fue embajador de su país en Inglaterra y, después de la Primera Guerra Mundial, se dedicó a labores humanitarias: ayudó a paliar las hambrunas en Rusia, y a solucionar los problemas de refugiados, como el de los rusos blancos que huían de la URSS tras la imposición del régimen comunista, o el de los millones de desplazados que generó el conflicto entre Grecia y Turquía.

En suma, una hora y media que se me hizo corta escuchando a Javier Cacho hablar de un hombre que merece la pena conocer, de los polos norte y sur, de las corrientes marinas, de la investigación en los hielos…

Aquí tenéis el enlace al libro por si queréis saber más.

http://forcolaediciones.com/producto/nansen-maestro-de-la-exploracion-polar/

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