CHARLA CON OSCAR GUAL. El hombre de la mirada de piedra

CHARLA CON OSCAR GUAL. El hombre de la mirada de piedra

 

CHARLA CON OSCAR GUAL. EL HOMBRE DE LA MIRADA DE PIEDRA.

 

La tertulia de literaturas se celebra cada mes y medio, en teoría, en la librería Bartleby, dependiendo de la disponibilidad de nuestro organizador: Alberto Torres Blandina, escritor y profesor de un taller literario al que asistimos en el pasado varias de las Artemisas. En otra ocasión hablaremos de sus novelas rompedoras, sus viajes, su grupo de tango canalla y demás vertientes fascinantes y alocadas que posee este autor. Hoy hemos venido a hablar de Oscar Gual y de su libro El hombre de la mirada de piedra.

¿Por qué hablar de Gual en un blog de lo “extraordinario”? Por varias razones que iré exponiendo, y porque nos interesa la Literatura en toda su extensión, géneros, facetas, técnicas narrativas e ideas.

Oscar Gual es un escritor de Almazora, Castellón, con cuatro novelas en su haber: Cut and roll, Fabulosos monos marinos, Los últimos días de Roger Lobus y El hombre de la mirada de piedra. Además, ha publicado la novela a cuatro manos El corazón de Julia y participado en varias antologías de relatos. Invitado por su amigo Alberto a la última de nuestras tertulias, una de las más concurridas, nos ayudó a desentrañar las claves de nuestro objeto de debate: su última novela.

Gual no es hombre de mirada de piedra como su protagonista Drakos Vasiliás, pero sí profunda e inquisitiva, con un brillo jocoso, de tipo que incide en los temas que le interesan desde su vertiente más hilarante y exagerada, para resaltarlos y conducir a sus lectores a través de sus ideas con una sonrisa, a pesar de lo desoladoras que éstas puedan ser.

Nos sentamos, tertulianos y escritor, formando un círculo para charlar de la historia de Drakos, supercomputadora humana postrada en una silla de ruedas tal cual un Stephen Howkings de la macroeconomía, capaz de visualizar el flujo global de las finanzas y predecir su comportamiento, y cuyo pasado es un misterio. Desentrañar ese enigma parecería el fin de la novela, pero Gual no es escritor de narrar historias de suspense, su plan va más allá. Nos contó que al principio escogió la estructura de una novela policiaca, quería jugar con el cliché, al estilo de Cercas o Carreres, para después subvertirla y exponer lo que de verdad le interesaba. ¿Y qué interesa a este autor que inserta continuas referencias del mundo tecnológico, científico y cultural actual? Ahí va: le importan las preguntas. Las ideas, lo teórico, lo ensayístico, defender o contradecir determinadas tesis. Las eternas preguntas de hacia dónde vamos y dónde estamos. En el caso de El hombre de la mirada de piedra: el orden y el caos, es decir, la necesidad humana de justificar el caos que es la vida analizando a posteriori las cosas, los hechos,  de modo que todo parece haber obedecido a un plan perfectamente estructurado.

Falso.

A lo largo de las páginas de esta historia, el narrador, un periodista cultural que investiga el pasado de Drakos para construir su biografía, intenta ordenar las vivencias de éste a través de los trabajos por los que ha pasado su investigado: la macroeconomía, el mundo del “coaching” empresarial o de los gurús de la autoayuda y el naturismo. En realidad se trata de estructuras o sistemas de creencias a los que se va sumando el protagonista, que funcionan muy bien, pero cuya relación con la realidad es más bien escasa. El ser humano necesita de la Fe. La religión, Dios como tarifa plana de respuestas ya no sirve para contestar todas las preguntas, y por ello se vuelca en estas nuevas creencias.

Justificar el caos.

Gual nos pone el ejemplo del discurso de Steve Jobs en Stamford. En él, Jobs cuenta su vida y es capaz de unir todos los puntos, de crear una secuencia lógica que tiene sentido cuando no es más que una excepción. Todos esos hechos que narra le condujeron a ser quien fue, pero seguir su mismo camino no garantiza de ningún modo acabar en el mismo punto que el creador de Apple.

No es una novela de respuestas, aseguró el autor. Causa y efecto no siempre funcionan, por esa razón abandona en la novela cabos sueltos y opta por terminarla con un final humanista que, por supuesto, no desvelaré aquí.

La acción se desarrolla en tres escenarios: la City de Londres para enmarcar el mundo de la macroeconomía, Valencia escenario del naturismo y Sierpes.

Sierpes, ciudad imaginaria donde el escritor inventa su propia mitología y se siente libre para hablar de la realidad. La utiliza como terreno de siembra en casi todos sus escritos. Aquí encontramos rasgos de lo extraordinario. «No escribo novelas de ciencia ficción», afirma Gual. Las palabras ciencia ficción o fantasía, más allá de su tradicional uso para etiquetar un género en la literatura, suponen un freno para un autor que no desee que la crítica lo encasille y que tampoco pretende adoptar tal género, solo picar de éste o aquel conforme sus historias lo requieran. «Los escritores de narrativa en ocasiones se valen de la utopía o de la fábula, de recursos que bordean la realidad, porque para hablar de la realidad es bueno salirse de la lógica». Fabulosos monos marinos es una novela de relatos de cariz más fantástico, es cierto, pero Gual es un escritor de fusiones y también un escritor sucesor de los posmodernos o nocilleros. Puede que no le guste clasificarse, pero para nosotras su obra tiene un aroma a Black Mirrow, a Solaris de Lem, e incluso a Philip K. Dick, autor que le encanta y aconseja como lectura extranjera.

Terminamos recomendando la obra de este escritor periférico, incluya o no ciencia ficción o fantasía, porque rebosa de ideas poderosas, caricaturizadas y exageradas. Anoto una frase como ejemplo: «a lo mejor somos amebas que razonan como dioses».

Todo ello ofreciendo al lector gourmet unas estructuras narrativas que enriquecen, que añaden capas, unas encima de otras, incluso en los capítulos de transición, que introducen claves decodificadoras, viñetas, elementos distractores e incluso algún escenario imaginario.

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