I Certamen Beatriu Civera: Los premios literarios y el género de lo extraordinario

I Certamen Beatriu Civera: Los premios literarios y el género de lo extraordinario

El día 20 de septiembre recogí el I premio Beatriu Civera* en el ayuntamiento de Valencia. Lo gané gracias a un relato corto de ciencia ficción. Debo dar las gracias** a quienes estuvisteis acompañándome en un día tan especial, y a los que queriendo venir, no pudisteis. Os llevo en el corazón.

Debería explicar que el certamen es generalista, no de género, lo que no impidió que el jurado eligiera como mejor cuento, “Soñadores”, que habla de inteligencias artificiales. Vengo a decirlo porque creo sinceramente que hay un público ahí fuera esperando que les contemos historias de lo extraordinario, y que ese público no tiene por qué ser el fan de toda la vida. Podemos atraerlo si la historia está bien escrita, es original e interesante. En esos casos, un relato  de ciencia ficción (o de fantasía, o de terror) puede ganar un concurso generalista, porque una buena historia no tiene que ser fiel a la realidad, solo a sí misma.  En el universo en el que sucede, ha de ser verosímil, pero nada más.

El concurso es convocado por el departamento de igualdad y este año pretendía reivindicar la igualdad de oportunidades para la mujer trabajadora hablando de mujeres empoderadas. Leí el relato durante la entrega del premio, después de agradecer a todos, al jurado, al ayuntamiento, a profesores y a amigos, su apoyo. Y tras la lectura, mucha gente se me acercó para decirme cuánto les había gustado. No eran aficionados al género. Eran gente normal, para nada friki, con tanta fama que tiene la ciencia ficción de atraer a los frikis. Pues no. Según mi experiencia, eso no es cierto. Algunas eran mujeres ya mayores, más similares por su forma de vestir y de ser a mi madre que a Sheldon Cupper y su amor por Star treck y el capitán Spock. Personas muy cultas con las que estuve hablando, gente lectora y conocedora de la literatura y el periodismo.

Y que conste que a mí me encantan Star Treck, el capitán Spock y la guerra de las galaxias. Y me gusta ver a la gente disfrazada de sus personajes. Supongo que yo me vestiría también de no ser porque soy incapaz de disfrazarme de nada desde que  al final de mi infancia me dominó por completo un malhadado sentido del ridículo y me volví tímida.

No es la primera vez que lo compruebo: ese amor por lo extraordinario del público general. En el concurso de relatos de la Galería Paz y Comedias, un cuento mío, también de ciencia ficción, fue seleccionado entre los diez finalistas. De nuevo en un certamen no de género, me llevaba la sorpresa de que me eligieran, más teniendo en cuenta que el jurado no era especialmente inclinado a la ciencia ficción. Pero sabían apreciar una buena historia. Os digo más, si miráramos muchos relatos ganadores de concursos generalistas nos daríamos cuenta de que hay bastantes casos en que la historia tiene elementos fantásticos o de ciencia ficción.

Lo extraordinario no tiene por qué ser un gueto. Deberíamos preguntarnos los aficionados y los escritores del género, si no lo estaremos creando nosotros. Si no preferimos seguir teniendo ese lugar seguro en el que nos sentimos apoyados por quienes se nos parecen, si no hay en el mundo muchos más amantes de la lectura que desean que los asombremos con nuestras historias llenas de inteligencias artificiales, viajes en el tiempo o magia en tierras lejanas.

Porque toda la literatura, sea del género que sea,  utiliza el lenguaje para tratar de seducir al lector contándole historias que lo emocionen pero también que lo asombren y hay muchos, pero que muchos grandes clásicos, que han hecho de esa capacidad de asombro del ser humano, verdadero arte.

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